los falsos opuestos


El uso de la palabra opuesto en el lenguaje cotidiano me viene resultando cada vez más antipático. El término designa un concepto generalizado sobre el que se sostienen teorías, ideologías, y se actúa en consecuencia (no siempre con el mejor de los resultados). ¿Por qué el negro es opuesto al blanco? ¿el negro también es opuesto al color, a todos los colores? ¿qué se dice cuando se habla de un color opuesto a? ¿por qué habiendo atardeceres y amaneceres el día se opone a la noche? ¿por qué lo femenino es opuesto a lo masculino? ¿bien y mal? ¿dios y demonio? ¿dios y no dios? ¿dulce y salado?
Son infinitas las extremidades que la cultura nos ha enseñado a distinguir y esta categorización de conceptos ubicados uno al extremo del otro me resulta cada vez menos confiable, innecesaria y extremadamente parcial para muchas aplicaciones. Por supuesto que en ciertos lenguajes de tipo técnico como el matemático, esto es conveniente para reconocer los elementos a los cuales se alude (números opuestos, por ejemplo), y también en el lenguaje cotidiano como referencia a realidades muy diferentes o contrastantes (vida y muerte). Pero el uso del término opuesto se ha enquistado en algunas interpretaciones del mundo al punto de referirse indiscriminadamente a conceptos que parecen entenderse con una carga casi siempre negativa de diferencia, de distancia, inclusive hasta de irreconciliable moralidad. Día y noche, pero uno de los términos ha sido socializado como “más bueno”: el día es luminoso y la noche tenebrosa. Esta idea también se ha solidificado en el concepto del clima asociado a los estados de ánimo. Desde el inicio se lo marcan a nuestros chicos cuando en sus cuadernos escolares, para representar cómo está el día, dibujan un sol que sonríe o unas nubes que lloran. De grandes muchos escuchan en los noticieros los pronósticos del clima como si sus vidas dependieran de ello, y no pocas veces se anuncian lluvias casi como pestes, pero el modo comunicativo del locutor no es el mismo si es sol lo que anuncia.
Hablar de opuesto es referirse casi siempre a dos realidades posibles. Lo que se opone a algo es necesariamente “otro algo” de equivalencia jerárquica y rara vez es más de un “otro”. También suele interpretarse como ausencia de intermedios. Lo opuesto marca diferencias extremas. Para mí esta idea parece asociarse a una imagen mental temporoespacial, esa figuración en donde, a lo largo de cierta línea virtual, hay una cosa a su inicio y otra a su fin. Los opuestos se atan necesariamente al dudoso concepto de espacio-tiempo casi como una representación lineal unidireccional y nunca infinita: algo hay en el punto primero de la línea y algo en el último punto, pero los puntos conectivos intermedios son ausencia y los extremos no se tocan. En matemática tal vez sería más apropiado hablar de los límites de un segmento.
Es graciosa la idea –también muy difundida- de que los opuestos se atraen. Es casi una pretensión reconciliadora entre cosas que a priori sabemos que nunca lo harán. Cuando alguien lo menciona me acuerdo de los imanes con los que jugaba de niño; basándose en esto, las proyecciones de algunos horóscopos suelen animar a las relaciones entre seres con personalidades diferentes, pero no es generalizable a todos los casos: yo no estaría seguro de aplicar -ni siquiera como metáfora- la experiencia física de los imanes al vínculo entre un ateo y un creyente o entre un dictador y un demócrata.
Cuando tengo que explicar a mis alumnos el concepto de colores opuestos en el ámbito del lenguaje visual dudo sobre el uso de ese término por la idea a la que remite. Lo hago, claro está, como una convención técnica por el tipo de lenguaje (como lo expliqué más arriba con el caso de la matemática) es decir, para referirse a ciertos colores que se encuentran en los extremos del diámetro de un círculo (otra vez volvemos al anclaje espacial). Aquí, un color puede  oponerse a otro en términos de representación visual por su vínculo relacional con los otros colores. ¿Hay otro sentido en que el rojo sea opuesto al verde más allá de su representación en el círculo cromático o su diferencia de máximos contrastes percibidos entre los que se llaman colores complementarios?
Pero el problema que planteo no radica en el uso del término para el reconocimiento de diferencias máximas, sino en el concepto metafórico que se evoca al hablar de oposición cuando se aplica a gran diversidad de situaciones donde sus intérpretes no admiten intermedios, a la semántica poética de los que anulan los matices de contrastes menores. Veo una fuerte tendencia a simplificar de esta manera muchas visiones del mundo y me resulta rayana a la intolerancia porque petrifica pensamientos y en la práctica no acepta intermedios, no reconoce posibilidades más allá de los extremos. Quienes piensan todo en términos de opuestos no reconocen paralelas, o perpendiculares, o tangentes, o… (la idea de esta asociación a la espacialidad también me resulta muy incómoda y hasta contradictoria, pero es el modo del que ahora dispongo para que me entiendan).
Hemos aprendido que hay un dios bueno y un dios malo (a este no debería llamarlo dios, porque a dios no le gusta). También aprendimos que, o somos hombre o somos mujer, que se está dormido o despierto, arriba o abajo, que somos creyentes o ateos y la verdad que a mí me gusta pensar en simultaneidad de posibilidades relativas, adaptables y diversas. ¿En qué sentido dios es bueno y el demonio es malo? ¿en ese que sostiene que el primero -siendo espiritual- ama a los hombres aunque sea incapaz de detener las guerras (o incluso provocarlas) y el segundo -de análoga espiritualidad- por no someterse al primero (quien habla de sí como más poderoso) y es culpablemente carnal? ¿En qué sentido se es hombre o mujer? ¿en ese que sostiene que al primero le gusta el fútbol y debería sentirse atraído sexualmente hacia la segunda, mientras ella lucha infinitamente por igualar al primero aunque siga sosteniendo en su discurso la debilidad de su sexo? ¿En qué sentido dios existe o no existe? ¿en ese que nos convierte en ingenuos o racionales, mágicos o reales, mejores o peores personas? ¿No tenemos más opciones? Por supuesto que hay más opciones, todos sabemos que las hay, pero falta la puesta en práctica.



felices pascuas

quiero agradecer a los religiosos católicos su fe perseverante en la conmemoración de la semana santa, porq gracias a ella el estado argentino nos regala a todos, sin distinción de credos -incluyendo agnósticos, ateos y sus derivados- unas fantásticas minivacaciones cada año, para esta época. hago votos para q las festividades judías e islámicas alcancen el mismo status y se hagan extensivos sus feriados y días no laborables a todos los trabajadores del país evitando así la discriminación religiosa.

los románticos argentinos del siglo XXI

estaba por cumplir 19. esa mañana me despertó la euforia irracional de mis compañeros de vida que, por entonces, transcurría en quisquizacate, córdoba. recuerdo a la cuca gritando y saltando de felicidad por los pasillos y yo, otra vez, no encajaba en el pensamiento social: "¿una guerra? ¿argentina en una guerra? ¿es posible la guerra como causa de alegría?...nos van a hacer mierda". mis compañeros chilenos se mantenían más moderados, y la invasora radio arengadora acompañaba a diario hasta las salidas que debieron ser distendidas. un miedo solitario crecía en mi cabeza. "por favor, el telegrama, no, el telegrama, no". para mí las guerras estaban en los libros de historia, en lugares extremadamente alejados, o en mis sueños (estos, por alguna razón, me persiguieron redundantemente de pequeño). me sabía absolutamente incapaz de ser partícipe directo en cualquier escenario de violencia, incapaz de matar, incapaz de soportar la muerte, de modo que la sola noticia de tener que ser actor de una guerra sería la bala asesina.
pasaban los días y la radio no se apagaba. aquellos adultos morales a cargo de mi formación -eso pensaba en aquel entonces- seguían el verso boca-river. ni ellos, ni mi familia, ni ningún argentino se hubiera alzado para resguardarme de mi muerte si el gobierno así lo decidía y las películas nos habían mostrado hasta el hartazgo cuán orgullosos nos debíamos sentir si fuéramos de esos privilegiados en la convocatoria a la muerte por la patria, vírgenes ofrecidos en sacrificio al dios de insaciable sed.
una mañana alguien me informó: "te llegó un telegrama". el escueto texto contenía un saludo de una amiga por mi reciente cumpleaños. recuerdo alguna carta de esa época que gabriela me envió, escrita en los márgenes de rebosante felicidad social guerrera, pero, ¿ por qué un telegrama? nunca nadie me había enviado un telegrama para saludarme por mi cumpleaños. las piernas se me aflojaron y mi cabeza casi explotó. odié aquel papel.
finalmente alguien decidió que yo no debía morir entonces, pero sí que lo hicieran otros. los gobiernos son tan adictos a que los actos más duros se graben en la carne del pueblo.


hoy tampoco encajo con ustedes, con sus titulares, con su berreta puesta en escena. no me hablen de honor ni de gloria, parecen anacrónicos románticos alemanes del siglo XIX. hablar de patria bla bla bla cuando el dolor, la muerte y la sangre no es la propia, por lo menos, es síntoma de superficialidad. ¿quién es alguien para arrogarse el derecho de conducir a otro a su muerte? eso es asesinato, y la masa irracional es tan proclive al orgullo imbécil, a cantar hoy y olvidar mañana, a compartir indefinidamente sensibleras fotos en los muros del facebook y mañana publicar, con la misma idiotez, la foto de un perro perdido.
¿30 es más importante que 29? ¿y que 31? más bien hagan silencio (es un ejercicio interesante, el silencio permite pensar). esos muertos ni decidieron morir ni acrecentaron la patria, fueron víctimas de la irracionalidad humana, de un gobierno que los condujo irremediablemente a la muerte y de un pueblo que no los protegió. ¿quieren recordarlos? entonces evitemos que haya más a pesar de los deshidratados dioses.

a z u l m a r d e l p l a t a







te fascina ese chocolate? no tires el papel a la calle.
te gusta tomar mate? la yerba a la basura.
amás a tu perro? no lo hagas cagar en la vereda de tu vecino.

el mar más azul, el cielo más azul,
azul nuestro espacio compartido.

a z u l m a r d e l p l a t a



tommaso, el del silencio


(al maestro Tommaso Cavalieri, en Roma)

"queridísimo señor:
no me hubiera causado extrañeza o admiración la profunda sospecha que se desprende de su carta de que al no escribirle le he podido olvidar, si no creyera que le he dado pruebas firmes del gran amor, mejor dicho, inconmensurable amor que le profeso. sin embargo, el no escribir no es nada nuevo y no hay por qué asombrarse de ello, ya que lo mismo que todas las cosas van de un extremo a otro, también el escribir puede ir a menos. además, puedo decirle a su señoría lo mismo que usted me dice a mí. sin embargo, es posible que diga todo esto para tentarme o para que se encienda en mí de nuevo un fuego aún mayor. sea lo que sea, estoy muy cierto de que no podré nunca olvidar su nombre lo mismo que no puedo olvidarme de que tengo que comer. más aún, es más fácil que olvide la comida, que solamente alimenta mi desdichado cuerpo, que su nombre, el cual me alimenta cuerpo y alma. él llena a ambos con tal dulzura que no siento ni dolor ni miedo a la muerte mientras permanece en mi memoria. piense cuál sería mi estado si también el ojo pudiese participar de ella."
Miguel Ángel Buonarroti, 28 de julio de 1533

voy corriendo en medio de dos acciones: despegar y aterrizar; mientras tanto giro, doy tumbos, me golpeo, arranco, me choco, me elevo, caigo, giro otra vez, me vuelvo a golpear... me he dado cuenta de que es un problema de lastre; tengo algo pegado al alma que me pesa y debo arrojarlo afuera: dado que he descubierto la causa, voy por buen camino.
se está midiendo mi fuerza
y este corazón se niega a entrenarse, así q es probable q pierda

analogías primarias

Pertenezco a ese reducido grupo de personas q prefiere tener un rectángulo verdepasto en la vereda de la casa a cementarlo irremediablemente, como el gran porcentaje del barrio ya lo hizo. La pregunta no es si me gustan los perros, sino más bien, por qué debo alojar en mi vereda los estragos de los animales de mis vecinos. No pretendo q los demás adhieran a mi ilusión de reducto ecológico en las puertas de sus casas, quiero q acepten mi derecho a tenerlo. Yo no meo, ni cago, ni basureo los cementos ajenos. En esta democracia ustedes serán mayoría, pero yo soy parte del mismo territorio y exijo q me respeten. Sepan q no van a doblegarme, q la lucha será sostenida y durará lo q tenga q durar.



mirá que hay gente pelotuda!

regreso del trabajo. media cuadra antes de llegar a casa diviso a un flaco con su perro, detenidos ambos en mi vereda. ¿qué hará un perro olfateando en la vereda de la casa de alguien que jamás es la propia? llegado a mi puerta le digo al susodicho vecino: "-¡qué bueno sería que cague en tu vereda!". nervioso y guerrero, el joven dueño me responde con una repetitiva pregunta "-¿está haciendo algo?¿está haciendo algo?", mientras tironea de la correa que lo une a su can, tratando de sacarlo del jardín de mierda en que los perros del barrio han transformado la vereda de mi casa. entonces, frente a lo obvio, me pregunto, ¿será que ahora los perros disfrutan del aroma de las aceras ajenas sin producir otros efectos más que el mero placer del goce olfativo, o será que este idiota me toma por pelotudo? mientras el mugriento con su perro se retira yo continúo con la acción de entrar a mi casa, abro la puerta, y entonces afirma innecesariamente: "-yo uso bolsita, eh, yo uso bolsita". jajajaja! en el paroxismo de la pelotudez el pobre imbécil siguió defendiéndose, claro, sin bolsita a la vista. "-¡genial!", le respondí, y cerré la puerta.


en argentina se practica demasiado la defensa de la obviedad

tv de domingo

zaping de domingo mediamañana. en el canal local un hombre ataviado con casulla verde explica a un grupo de personas sentadas en el soleado parque de La Armonía algo sobre la resurrección de la carne. todos escuchan, o al menos nadie habla. "-pero, ¿de dónde nos viene esto?", pregunta el orador retóricamente, ya que conoce cabalmente la respuesta: "no lo inventamos nosotros, nos lo dijo dios".  ¡upa!, ¡qué fuerte!

plazas sin soretes






















































buena iniciativa que se ha puesto en marcha esta semana, al menos en la plaza de mi barrio

soretes de perros


















sin título
by zoratti calvi


















sorete fálico
by zoratti calvi


















sorete en flor
by zoratti calvi


















en el fresco de la hierba
by zoratti calvi


















fondo de sorete
by zoratti calvi


















equilibrio binario
by zoratti calvi


















no me pisen, soy sorete
by zoratti calvi

norte en 12 imágenes





































cementerio en la quebrada de humahuaca, jujuy



















ruinas de quilmes, tucumán



















ruinas de tastil, salta



















purmamarca, jujuy



















ruta 40, salta



















salinas grandes, salta y jujuy






































parque nacional los cardones, salta




































restos de artesanías de los niños de maimará, quebrada de humahuaca, jujuy















bandera de los pueblos originarios, maimará, quebrada de humahuaca, jujuy

lo otro

“Lo otro” siempre da miedo: al ser desconocido lo subordina al campo de lo indominable y será siempre rechazado en tanto asegure que no es peligroso. La persona desconocida es peligrosa, sobre todo en una sociedad de creciente desconfianza y violencia. “Lo otro” puede atacarme. Todo lo desconocido es misterio, y hasta tanto pruebe su benignidad, se vive como un enemigo. “Lo otro” será vivido como más peligroso cuanto más cerca de las estructuras estables se encuentre y puede patentizarse en personas, ideologías, credos, prácticas culturales.

Nuestra sociedad argentina ha crecido dentro de estructuras conservadoramente católicas. Esto no la hace ni mejor ni peor que otras, pero finalmente habrá que reconocer que no es el único modo de pensamiento. La iglesia católica ha sostenido valores profundamente humanos y al mismo tiempo ha cometido actos deliberadamente aberrantes; posee parte de la verdad, como otros sistemas de pensamiento la tienen. Figuran en sus listas los nombres de grandes hombres y mujeres al mismo tiempo que perversidades. Tras la bandera de la revelación divina ha cometido los peores actos contra la humanidad, como también actos de suma grandeza. En definitiva, la iglesia católica ha demostrado ser tan humana como el resto de las sociedades, de los pensamientos, de los credos, de las personas.

Puede entenderse que semejante organización de poder se vea amenazada en su status quo cuando algunas leyes que regulan la convivencia de los grupos humanos no siguen su línea de pensamiento, o más bien, se oponen. Quienes adhieren a este sistema religioso se sienten afectados porque los increpa, los hace reflexionar sobre sus propias acciones, su propia fe y su propia estabilidad política y económica.

Pero es que la humanidad es más que un culto, que un sistema político, que una idea, y “lo otro”, aunque difícil de digerir al principio, se convierte muchas veces en el alimento que promueve los cambios que nuestras sociedades han adoptado para su mejor desarrollo, por el respeto a todos, por la felicidad de todos.

Trabajo por una sociedad que incluya a los católicos tanto como a los musulmanes, judíos, budistas, ateos, agnósticos, en donde ninguno de ellos se arrogue la verdad sino que, compartiendo sus verdades, armemos comunidades más inclusivas, tolerantes, sin privilegios para pocos sino derechos para todos.

zoratti calvi